En un prólogo a su novela
Los trabajadores del mar,
Víctor Hugo se refiere a la penuria que para la condición humana supone el hallarse acotado en primer lugar por sus propios prejuicios, en segundo lugar por las leyes de organización social y en tercer lugar, por lo que él denomina
las cosas, es decir, el entorno físico o necesidad natural. Los protagonistas de la narración
son marinos de la isla anglo normanda de Guernesey, en la que se hallaba exiliado, y el escritor toma como punto de arranque la tercera de estas constricciones, la necesidad natural, concretizada en el combate del hombre para quien el océano es el horizonte de vida.El libro lleva una bella dedicatoria a la propia isla que le acogió, la cual hará quizás evocar
La Terra Trema,
aquella maravillosa parábola sobre el destino humano en un pueblo marinero de Catania, filmada por un Luchino Visconti cuya visión solidaria y conmovida del M
ezzogiorno italiano se hallaba en las antípodas de los prejuicios hoy alimentados por los sórdidos manipuladores de la Lega Norte: "
Dedico este libro a la roca de hospitalidad y libertad, a este rincón de antigua tierra normanda habitada por noble y modesta gente del mar, a la isla de Guernesey, severa y amable, mi refugio actual, mi tumba probable" ***En estas notas, he venido defendiendo la tesis de que la metafísica, lejos de constituir una figura pasada o declinante, tiene precisamente en nuestro tiempo la ocasión de un verdadero renacer. La idea de base es que en el arranque del siglo XX la física sitúa a sus protagonistas en posición que guarda analogías con la de los fisiócratas jónicos del siglo VI a. C. Ya he señalado que la singularidad jónica no radica en lo más o menos elevado de su conocimiento de la naturaleza.
Tales de Mileto se nutre del saber de las civilizaciones del entorno, y el eclipse que se le atribuye hubiera podido ser previsto con igual o mayor acuidad por un astrónomo babilónico o egipcio. La diferencia no reside tanto en el grado de conocimiento técnico, como en la manera de considerar aquello de lo que se tiene tal conocimiento.Los jónicos saben que la naturaleza es
necesidad. Intencionalmente evito expresiones como la naturaleza "
responde a una necesidad", que podría dar a entender que la necesidad es exterior a la naturaleza, que ésta
obedece a la misma, pudiendo eventualmente no haberlo hecho. La naturaleza es para el jónico algo tan concomitante con la necesidad, que conocer la primera no es otra cosa que reflejar el entramado de la segunda. Los jónicos se ocupan de lo que determina todo acontecer, y por ello con los jónicos se inicia la física en la que, como es sabido, las conjeturas serán baremadas por el grado de adecuación a esta implacabilidad.Lo implacable de la necesidad natural no significa que el hombre no pueda modificar la secuencia de lo que acontece. La técnica consiste precisamente en esta potencialidad de intervención. Pero la técnica no hace sino actualizar una de las potencialidades de la necesidad, la técnica no intervine a la manera de los dioses, la técnica no lleva a cabo más que aquello que la necesidad posibilita. Por eso precisamente los protagonistas del relato de
Victor Hugo a los que arriba me refería, confrontados a la tarea de recuperar la maquinaria de un barco encallado, son presentados por el escritor como paradigma de la limitación por la necesidad.Traía a colación el texto de
Victor Hugo para recordar que esta necesidad ha de ser distinguida de la ley (
nomos), la cual determina el tipo de constricción que se fragua en la sociedad humana. No hay ciertamente ciudad (
polis) sin ley (
nomos), habrá como mucho una ciudad con una ley amenazada o desquebrajada, pero mientras haya un rescoldo de organización humana la ley está presente. La ley que no tiene nada de natural, no es menos constringente que la necesidad. La ley es a la ciudad como la necesidad es a la naturaleza, pero una y otra han de ser perfectamente diferenciadas, aunque no es tarea del físico focalizarse en esta diferencia. El físico explora la necesidad, nunca esa cosa de los hombres que es la ley. Ello en todo caso mientras permanezca físico, y salvo que su misma práctica le conduzca a dar un radical paso.
Víctor Gómez Pin,
Asuntos metafísicos 83, El Boomeran(g), 29/01/2015